
¿Te sueña familiar?, ¿Has notado como ligas tu emoción y la comida?, ¿No lo haces?…
Bueno, te ayudo un poco, desde que nacemos la comida está ligada con el amor, o la falta de… Y no lo digo yo, lo dice el psicoanálisis, pero en términos comunes y mucho más digeribles te cuento lo siguiente…
La leche materna es lo primero con lo que nos alimentamos (salvo algunos casos), bebemos leche de nuestra madre y al mismo tiempo, recibimos amor de ella… ese es el momento en el que empieza nuestra relación con la comida. ¿No has comido un caldito de pollo de tu abuela y sentido que el mundo está mejor de manera inmediata?, ¿Me vas a decir que los frijoles de tu madre saben igual que los tuyos (aún si todavía eres de la especie en extinción que pone frijoles en la olla express)?… ¿ya entendiste mi punto?
Pues es justo eso lo que quiero que hagas consiente ahora, en la medida en que ligamos un helado con la felicidad, un caldito con un recuerdo, o unos chilaquiles para curarnos la cruda (cuando no es para nada la mejor opción), aprendemos a disfrutar de ciertos alimentos más que de otros, pero CUIDADO con las conductas de riesgo que podemos adquirir cuando:
- Estamos nerviosos estudiando para el examen y nos terminamos un pake-taxo tamaño fiesta sin darnos cuenta de que no era hambre, sino ansiedad
- Cuando tengo tato trabajo que no desayuné, ni comí, y ya son las diez de la noche… pero no tengo hambre, ¿de verdad crees que no te dio hambre?
- Estoy tan triste porque _______ (cada quien sus motivos) y entonces no me pasa la comida… (y así llevan 3 días)
Todo lo anterior es tan común y tan poco consiente para quien lo hace que si pasa de manera aislada, “no pasa nada”; pero si pasa todo o casi siempre… dejamos que nuestra emoción afecte nuestra manera de comer y nuestra salud.
Si no te pasa ninguna de las anteriores pero tampoco tienes idea de por qué comes lo que comes o en qué momento dejas que tus emociones y/o pensamientos castiguen a tu cuerpo… te espero en consulta.
Si entiendes lo que sientes, entiendes lo que comes.