
En estos días, o no sé si es la moda del 2020, me he preguntado de dónde viene mi motivación (o a dónde se fue)… ¿y qué creen? No tengo la respuesta por el momento, así que me puse a investigar un poco a ver si yo era la rara o si les sirve de algo (porque me gusta creer que en el mundo siempre hay alguien que está en una situación parecida aunque uno se sienta extraterrestre).
Primero… ¿qué es la motivación? Una de las descripciones que más me gustó fue “energía, interés o ganas de conseguir algo” y pensé, mi motivación es mi cama… pero creo que no va por ahí (tal vez sí tenga motivación después de todo pero no la he canalizado adecuadamente).
Y bueno, por si no lo sabían, hay muchos tipos de motivación una que viene de lo más profundo de nuestro ser, o al menos no es idea de alguien más, llamada intrínseca y por lo regular se relaciona con la novedad, un reto o incluso el valor estético que representa para la persona, es la más duradera e implica un propósito.
Por otro lado la motivación extrínseca, es la que viene de fuera de nosotros, aquella de la que probablemente obtenemos un beneficio pero depende más del entorno que del individuo.
Honestamente no creo que la segunda sea una auténtica motivación (pero yo no soy la experta), lo único que puedo decir es que si no estás plenamente convencido de algo, no es tan fácil hacerlo, y que cuando estás convencido de algo y lo deseas muchísimo no importa tanto el entorno, lo consigues.
Aunque el 2020 pudimos constatar que el ambiente influye y por eso la salud mental está de “locos”, la depresión, la ansiedad, las adicciones… incrementaron este año de manera significativa (o tal vez tuvimos mucho más tiempo para darnos cuenta de que estaban ahí que otros años).
El punto es, la motivación puede venir de cualquier lado, según la teoría, pero debemos aprender a conocer lo que queremos, lo que nos hace felices, lo que nos gusta… porque es la única manera en la que aunque el mundo no sea el ideal en el que querríamos vivir, podemos verlo de la mejor manera, vivir lo mejor que podamos y en una de esas hasta seamos felices.
Y si se preguntan qué me pico y esto que tiene que ver con la alimentación… todo, tiene que ver todo… Nunca había visto en consulta tantos pacientes que comen por ansiedad como este año, que a pesar de reconocerlo no dejan de comer aun cuando esto les genera malestar y consecuencias poco deseables para ellos.
Los cambios de estilo de vida son complicados y la mejor herramienta para mantenerlos es la motivación. Una persona convencida de su tratamiento y el beneficio que este conlleva lo seguirá mucho más fácil (no quiere decir que perfecto y que nunca tendrá recaídas) que uno que lo haga por complacer a alguien más o por un beneficio temporal que no ha interiorizado.
Por ejemplo, puede que las novias bajen de peso para su boda o que los novios bajen para complacer a la novia (o al revés), pero el punto es que si no tenemos convicción del cambio que haremos, no será sostenible. El que más se convenza de los beneficios de la pérdida de peso, o del ejercicio o de la comida saludable será el que mantenga los cambios, el beneficio y como se siente será su motivación para continuar con el cambio, el que no está convencido porque no ve los cambios o no le importan lo suficiente, regresará a las conductas previas (porque ¿para qué me esfuerzo o hago algo que no me recompensa?). ¿Les ha pasado?
Como ven los expertos tienen razón, existe la motivación extrínseca en la medida en la que nos ayuda a movernos, nos empuja, nos da otra visión, a veces se llama familia, pareja, amigos, sociedad… pero si no llegamos a la motivación intrínseca es como vivir motivado por otros, incapaces de responsabilizarnos de nuestras acciones y quizá negándonos la posibilidad de conocernos de verdad.
Encuentren su motivación, y de ahí planeen un estilo de vida que se ajuste al plan. Ir al nutriólogo los ayudará a hacerlo de manera adecuada y responsable, aunque a veces podemos necesitar también un terapeuta. No los va a motivar porque no es magia, pero los ayudará en la búsqueda.
Antes de irme para no dejarlos tan perdidos, les dejo algunas cosas que me ayudan a recordar porque hago lo que hago y motivarme cuando el mundo no me parece tan lindo (porque soy humano y me enojo y me da frío y no quiero hacer ejercicio y quiero pizza helado cual comedia romántica):
- Pensar en lo que me hace feliz (y en qué acciones me van a ayudar a llevar a cabo esas actividades)
- La economía (la prevención es lo más barato que no puede hacer, y así invierto en conocer el mundo, en consentirme, en compartir… y no en reparar el daño)
- Ser mejor cada día (sin medirme con los otros, sólo con mi yo de ayer o de hace 10 años)
Y bueno, si a veces les pasa (como a mí) que el mundo no les gusta tanto, intentemos no ser como esa parte del mundo que no queremos ver.
¡Los espero en consulta cuando estén listos!